Apuntes sobre el infarto de miocardio y su calificación como accidente de trabajo

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Apuntes sobre el infarto de miocardio y su calificación como accidente de trabajo

Para entender la consideración del infarto agudo de miocardio como accidente de trabajo es necesario vincularlo con el propio concepto de accidente de trabajo. La añadida consideración de la legal presunción establecida por el artículo 156 TRLGSS facilita que cuando el infarto se produce en tiempo y lugar de trabajo se siente la presunción de laboralidad iuris tantum. Esta presunción, en el fondo, pone en el tapete una especie de probatio diabólica, pues pese a que teóricamente pueda ser rebatida en la práctica resulta prácticamente inabordable. De hecho recuerdo el intento vano de prueba pericial por una dupla de cardiólogos que intentaron acreditar ante el juez que el afectado (trabajador infartado) al padecer varios factores de riesgo de forma simultánea estaba sometido al riesgo de infarto en cualquier momento (laboral o no). En cualquier caso, el criterio que se ofrece no es otro que el legal, dejando escaso espacio a la medicina o al menos al debate de cuál podría ser la causa más probable para desecandenar el infarto. En la medida en que desde la perspectiva médica el estrés (laboral) puede ser uno de los desencadenantes del infarto y éste no puede descartarse, prácticamente, en ninguna actividad laboral la presunción juega siempre a favor del trabajador si el infarto se produce en tiempo y lugar de trabajo. Si falta alguno de los requisitos, la presunción cede y es entonces cuando la prueba de la relación trabajo-enfermedad le corresponde al trabajador.

Se da carácter legal a una presunción que normalmente resulta de las circunstancias concurrentes, evitando así la disparidad de resoluciones judiciales y que su concreta apreciación quede al arbitrio de quien tenga que calificar la lesión. Como constata la sentencia del Tribunal Supremo, de 23 de julio de 1999[1]: «En el estado actual de la ciencia médica, cabe tener por cierto que las enfermedades isquémicas del miocardio, sea una angina de pecho, sea un infarto de miocardio, pueden verse influidas por factores de índole varia, entre ellos el esfuerzo o la excitación que son propios de algunas actividades laborales».

“El concepto jurídico de accidente de trabajo implicaba la consideración de un factor lesivo que actuara de forma «súbita y violenta». Es así que la primera jurisprudencia (sentencias del Tribunal Supremo de 17 de junio de 1903 y 5 de marzo de 1905) vino a fijar la posibilidad de calificar el IAM como accidente de trabajo” (Sánchez Pérez, J., (2017) “Accidentes de trabajo. Análisis jurisprudencial y acción de responsabilidad por daños”, Ed. Dauro, pág. 240).

Hoy la jurisprudencia equipara el infarto agudo de miocardio a aquellas enfermedades que se manifiestan de forma súbita y violenta. Entre ellas se ubican otras enfermedades de carácter cardiovascular, las hemorragias cerebrales (sentencia del Tribunal Supremo, de 18 de febrero de 1998, Recurso 2343/996), la hemiparesia (sentencia del Tribunal Supremo de 4 de mayo de 1998, Recurso 932/1997), la hipoxia cerebral (sentencia de 11 de diciembre de 1997, Recurso 1215/1997), las embolias, o los edemas pulmonares, etc (Sánchez Pérez, J.: “El infarto de trabajo y vinculación con el trabajo”, Actualidad Laboral núm. 4/2011).

Se entiende por IAM aquella enfermedad en la que se produce una oclusión parcial o total del flujo sanguíneo en las  arterias coronarias dando lugar a la muerte de células musculares del corazón por falta de aporte sanguíneo. Tal oclusión se produce de forma progresiva, durante años, y suele manifestarse con un índice estadístico de mayor frecuencia a partir de los cincuenta años de edad, de forma súbita, provocando secuelas que pueden resultar graves e incapacitantes, al menos para la realización de esfuerzos físicos de carácter moderado o intenso. (Sánchez Pérez, J., (2017) “Accidentes de trabajo. Análisis jurisprudencial y acción de responsabilidad por daños”, Ed. Dauro, pág. 242).

Los factores de riesgo para la aparición de la patología se concretan en  antecedentes familiares, edad, sexo masculino, tabaquismo, diabetes mellitus e hipertensión. Con frecuencia se ha asociado a factores de estres emocional o ambiental propios del trabajo, actuando en pacientes con lesiones coronarias ateroscleróticas. Los síntomas característicos pueden traducirse en molestias torácicas  y una sensación descrita como opresiva, aplastante, o de pesadez. El paciente puede experimentar sensación de ahogo o de falta de aire, con la impresión de muerte inminente, que se suele reflejar en el rostro[2].

La presunción de laboralidad, pues, ha sido aplicada a las enfermedades cardiacas que se han manifestado en tiempo y lugar de trabajo, al no ser descartable una influencia de los factores laborales en la formación del desencadenamiento de una crisis cardiaca, sentencia del Tribunal Supremo, de 14 de julio de 1997 (RJ 6260), RCUD núm. 892/1996, según la cual «no es descartable una influencia de los factores laborales en la formación del desencadenamiento de una crisis cardíaca». Así para excluir esa presunción se requiere prueba en contrario que evidencie de forma inequívoca la ruptura de la relación de causalidad entre el trabajo y la enfermedad. (Sánchez Pérez, J., (2017) “Accidentes de trabajo. Análisis jurisprudencial y acción de responsabilidad por daños”, Ed. Dauro, pág. 244).

Obviamente si se pretende un giro en la interpretación de los tribunales habría que pasar por un cambio legislativo. Cambiar hacia un modelo menos protector de los trabajadores implicaría romper con nuestra tradición legislativa de 120 años (y seguramente cambiar el propio concepto de accidente de trabajo). Sabemos que en Alemania el IAM (infarto agudo de miocardio) no se considera accidente de trabajo y que en Italia no juega la presunción de laboralidad a favor del trabajador. Quienes pugnan por cambiar la interpretación tendrían más que criticar la interpretación dada por los jueces que solicitar del legislador un cambio en cualquier de los sentidos expuestos. En mi opinión las deficiencias –y la clara falta de adaptación de nuestro modelo de accidentes de trabajo- no afecta al concepto sino a otros elementos que permanecen opacos para el legislador (una regulación del accidente in itinere conforme a las exigencias de la OIT, un tratamiento más preciso de las enfermedades del trabajo o una regulación precisa –que aún hoy se resiste- de los accidentes en misión).

El IAM es una patología claramente vinculada a los riesgos característicos de la  vida actual y a enfermedades que favorecen su desarrollo como la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo o la hipercolesterolemia. Las actuales condiciones laborales y sus exigencias juegan un papel importante y, con frecuencia, determinantes en el proceso multifactorial que lo desencadenan.

En cuanto a la casuística a examinar, debemos considerar que tampoco descarta la calificación de accidente de trabajo el infarto que se produce en tiempo y lugar de trabajo pese a que los síntomas se hubieran exteriorizado antes de comenzar la jornada[3], ni tampoco en el supuesto de que se hubieran producido síntomas de la enfermedad en las mismas fechas o momentos anteriores al infarto de miocardio[4]. Pese a ello, el IAM producido en los vestuarios (sentencia del Tribunal Supremo, de 28 de abril de 1983[5]) 10 minutos antes del inicio de la actividad laboral tuvo la consideración de accidente de trabajo, razonándose que el tiempo de trabajo abarca el periodo en que el trabajador se encuentra en el vestuario preparándose para el inicio de la jornada laboral[6]. (Sánchez Pérez, J., (2017) “Accidentes de trabajo. Análisis jurisprudencial y acción de responsabilidad por daños”, Ed. Dauro, pág. 250).

El IAM fuera del lugar y tiempo de trabajo (Accidente de trabajo, op. Cit., pag. 254 y ss.)

En este contexto la doctrina constata la situación contradictoria que puede derivarse de la aplicación del artículo 156.3 LGSS a la manifestación externa del IAM, toda vez que ello opera al margen del momento real de producción de la patología de base. Se reprocha la inseguridad que se deriva de los parámetros utilizados, ya que un infarto padecido cinco minutos antes de abandonar el trabajo se presume laboral, pero si ocurre cinco minutos después deja de aplicarse tal presunción. Cuando el infarto se produce fuera del lugar y tiempo de trabajo la presunción se invierte, ofreciendo la doctrina una serie de criterios donde se valora como determinante la concurrencia de diversas circunstancias:

1ª  Concurrencia del doble requisito: lugar y tiempo de trabajo. El Tribunal Supremo plantea que, además, se haya producido en el «tiempo de trabajo», de modo que no será accidente de trabajo si el infarto se produce en el lugar de trabajo antes de la jornada laboral. La sentencia del Tribunal Supremo, de 6 de Octubre de 2003[7], rechaza la calificación profesional de un infarto sufrido por un encargado de obra que se desplaza al lugar de trabajo y sufre el IAM antes del inicio de la actividad laboral.        2ª La inexistencia de asistencia sanitaria durante la jornada laboral determina la exclusión de laboralidad de la patología según la sentencia del Tribunal Supremo, de 25 de Noviembre de 2002[8],  cuando pese a manifestar el trabajador en el centro de trabajo que se encontraba mal, no acudió en toda la jornada laboral a la asistencia médica, con lo que no se entiende que el infarto se desencadenara efectivamente en el centro de trabajo. Es relevante recordar que el cuadro clínico del IAM es un cuadro agónico caracterizado por sudoración fría, debilidad, náuseas, vómitos, angustia y sensación de muerte inminente,  y que por tanto no sería compatible con la ejecución completa de una jornada laboral sin incidencias especiales. No obstante, la interpretación fáctica relativa a la aparición de los síntomas dentro de la jornada laboral, aún con el infarto agudo de miocardio producido fuera del lugar y tiempo de trabajo, puede llevar a considerar como accidente de trabajo tal suceso (sentencia del Tribunal Supremo, de 8 de marzo de 2005[9]) cuando se pueda valorar que el infarto ha comenzado a desencadenarse durante el tiempo de desempeño de la actividad laboral.

3ª.  La carga de la prueba se desplaza hacia el trabajador cuando el infarto se produce en el domicilio particular, según contempla la sentencia del Tribunal Supremo, de 28 de Septiembre de 2000[10], resultando entonces imprescindible no ya sólo demostrar la existencia del infarto agudo de miocardio, sino la conexión o nexo causal directo entre el mal sobrevenido y la ejecución del trabajo.

4ª. Fuera del centro de trabajo ni siquiera las situaciones de disponibilidad a favor de la empresa sin llamamiento se asimilan al accidente de trabajo (sentencia del Tribunal Supremo, de 7 de Febrero de 2001[11]). Estas situaciones en las que el trabajador se encuentra localizable, y a disposición de la empresa no presuponen la realización de actividad laboral alguna y, en consecuencia, no se considera tiempo de trabajo para la aplicación de la presunción del artículo 156.3 LGSS (sentencia de 9 de diciembre de 2003[12]). Se valora a estos efectos que, aunque se entendiese que concurre el elemento temporal, necesario para que opere la presunción legal del artículo 156.3 LGSS por aplicación de la definición de tiempo de trabajo contenida en el artículo 2.1 de la Directiva 93/104 CE («todo periodo durante el cual el trabajador permanezca en el trabajo, a disposición del empresario y en ejercicio de su actividad o de sus funciones») y aunque se entendiese que durante las guardias de localización el trabajador se encuentra sometido a las decisiones de disponibilidad de la empresa, no se cumple el segundo requisito, que se concreta en el elemento locativo en la medida en que el lugar de trabajo se reserva al espacio físico en que se lleva a cabo, efectivamente, la actividad profesional.

5ª  La presunción de laboralidad opera cuando se dan los requisitos del artículo 156.3 LGSS, cuando el infarto se produce en tiempo y lugar de trabajo, pero no en los posteriores periodos de incapacidad temporal cuando no concurran estos requisitos (sentencia del Tribunal Supremo, de 22 de enero de 2007)[13]. De conformidad con lo expuesto, el hecho de que la primera crisis o episodios sucesivos de una dolencia cardíaca fueran calificados como accidente de trabajo no significa que lo tenga que ser el último, si no concurren los requisitos exigibles. La cuestión debatida puede entenderse superada por lo resuelto en la STS 14-04-2005 RJ 7864, RCUD núm. 1850/2004. En ella, manteniendo el criterio que el exponente como letrado defendió, se afirma que «cuando ambas, incapacidad e invalidez, tienen el mismo origen nos encontramos ante eficacia vinculante de aquella (sentencia) sobre ésta, en virtud de la preclusión de todo juicio ulterior sobre el mismo objeto y la imposibilidad de decidir de manera distinta al fallo precedente […]», de lo que se infiere «mutatis mutandis», que cuando un proceso de incapacidad temporal se inicia por una determinada contingencia y concluye, sin solución de continuidad, en una situación de incapacidad permanente, o como en este caso fallecimiento, se ha de mantener el carácter inicial de la contingencia.

De este modo, la calificación de accidente de trabajo a través de la presunción no puede servir de base para calificar como accidente trabajo «un segundo incidente patológico», incluso de la misma naturaleza cardíaca que el primero, pero que, al no producirse durante el tiempo y en el lugar del trabajo, ya no puede beneficiarse de la presunción legal» (sentencia del Tribunal Supremo, de 25 de enero de 2007[14]).

 

 

 

 

 

 

[1]  STS 23-07-1999 (RJ 6841), RCUD 3044/1998.

[2] AA.VV.:“Hurst. El corazón. Manual de cardiología”, Mcgraw-hill / Interamericana de España SA, Madrid, 10ª ed., 2003, págs. 321 a 377.

[3]  Según se aprecia en la STS 11-06-2007 (RJ 6630), RCUD 199/2006,  constituye accidente de trabajo el IAM producido en tiempo y lugar de trabajo, aunque con primeros síntomas antes de comenzar la jornada, sin que esta circunstancia destruya la presunción legal. Se reitera doctrina aplicada en las SSTS de 23-01-1998 (RJ 1008) (RCUD 979/97) y 18-04-2001 (RCUD 1870/00), entre otras. También en STS 8-03-2016 (Rec. 644/2015) se aprecia que se mantiene la presunción aunque los síntomas de iniciaran días antes sin que los mismos impidieran al trabajador acudir al trabajo.

[4]  Indica la STS 29-09-1986 que «para desvirtuar la presunción de laboralidad de una enfermedad de trabajo no es bastante que se hubieran producido síntomas de la misma (dolor retroesternal opresivo que se irradiaba a cuello y brazo izquierdo en el caso) en fechas o momentos inmediatamente precedentes al episodio de infarto agudo». En el mismo sentido se pronuncia la STS 27-02-1997.

[5]  Según la STS 28-04-1983 (RJ 1888) no se exige el requisito conjunto del tiempo y lugar de trabajo cuando se está en los vestuarios antes de iniciar el trabajo pero preparándose para éste, al margen de lo previsto en el artículo 34.5 ET a efectos del cómputo de la jornada. Se estima que «ha de entenderse como lugar de trabajo el local o dependencia de la empresa en que el operario se encontraba por razón de dicho trabajo», no ya sólo para prepararse para desarrollar el trabajo con mayor comodidad, sino también en lo relativo a los obligados elementos de seguridad tales como cascos, botas, cinturones, etc.

[6]  Se ha de subrayar respecto del lugar de trabajo, como el TS ha admitido que los vestuarios pueden incluirse en tal concepto (STS 20-12-2005, RJ 534) –RCUD 1945/2004- [Sala General]  y 14-07-2006 (RJ 7275) -RCUD. 787/2005-, reiterada en la  STS 20-11-2006 (RJ 8367)-RCUD. 3387/2005.

[7]  La STS 6-10-2003 (RJ 8569), RCUD núm. 3911/2002. Esta sentencia expresa que: «… dado que la manifestación de la enfermedad se produjo, antes del inicio de la jornada laboral, en el lugar de trabajo, debe decidirse en primer lugar, si concurre o no el segundo de los requisitos del art.115.3 LGSS para calificar la enfermedad como accidente de trabajo, esto es, que aquella se produzca no sólo en el lugar de trabajo, sino también en el tiempo de trabajo y, en este sentido, estableciendo el artículo 34.5 ET, que el tiempo de trabajo se computara de modo que tanto al comienzo como al final de la jornada diaria el trabajador se encuentre en su puesto de trabajo, la conclusión que se extrae, a la vista de los hechos probados, es que el trabajador, cuando se sintió mal no estaba en tiempo de trabajo».

[8]  En la STS 25-11-2002 (RJ 1921), RCUD núm. 235/2002, el trabajador fallece a las 1 horas de la madrugada, si bien se constata que la tarde anterior manifestó encontrarse mal en el trabajo, lo cual no dio lugar a asistencia médica alguna, ni impidió que prestara servicios hasta las 21 horas.

[9]  STS 08-03-2005 (RJ 4485), RCUD 4330/2003.

[10]   STS 28-09-2000 (RJ 9649), RCUD 3690/99. Destaca esta sentencia que «… la presunción que el art.115.3 LGSS dispensa a dichas dolencias cuando surgen durante el tiempo y en el lugar de trabajo, no es extensible a casos en que el infarto hace súbita aparición horas después de finalizada la jornada de trabajo y cuando el actor se encuentra descansando en su propio domicilio. Lo determinante entonces ya no es demostrar la existencia del infarto de miocardio, sino acreditar que este se ha producido como consecuencia del trabajo, como exige el número 1 del mismo artículo. De modo que solo cuando se declare la existencia de esa relación de causalidad entre la dolencia cardiaca y el trabajo, podrá aquella considerarse accidente de trabajo». En el mismo sentido la STS 29-11-1988 (RJ 8908).

[11]  La STS 7-02-2001 (RJ 2148), RCUD núm. 132/2000, declara que no es accidente de trabajo el infarto acaecido durante la situación de guardia en espera de avisos o localizada, en que el trabajador debe permanecer localizable pero no se encuentra en el centro de trabajo ni atendiendo algún aviso. En este supuesto significativo, el fallecimiento del trabajador no acaeció en el lugar de trabajo, puesto que al sufrir el infarto de miocardio se encontraba en su domicilio, y no era allí donde debía desarrollar la actividad encomendada por la empresa, sino en los puntos concretos donde se encontraran los sistemas de seguridad que habría de reparar por cuenta del empleador y para los clientes de éste, sin que conste tampoco que hubiera sido requerido para prestar servicios. En el mismo sentido la STS 9-12-2003 (RJ 3378), RCUD núm. 2358/2002.

[12]  STS 9-12-03 (RJ 2004, 3378), RCUD 2358/2002.

[13]  STS 22-01-2007 (RJ 1591), RCUD núm. 35/2005. Declara esta sentencia en relación al artículo 115.3 LGSS que «la presunción que el mismo estatuye, sólo se aplica a cada concreto período de IT en que se cumplen las exigencias ordenadas por él, esto es el período concreto de IT en que la dolencia haya aparecido o se haya manifestado durante el tiempo y en el lugar del trabajo».

[14] STS 25-01-2007 (RJ 1905), RCUD núm. 3599/2005. Constata esta sentencia que «…puede suceder que la primera calificación derive exclusivamente de la presunción legal no destruida. Y si ello es así, un segundo incidente patológico, incluso de la misma naturaleza cardiaca que el primero, pero que, al no producirse durante el tiempo y en el lugar del trabajo, ya no puede beneficiarse de la presunción legal, no puede ser calificado como accidente de trabajo, máxime si, como también ocurrió en la presente ocasión, además de mediar un período de actividad laboral superior a seis meses (artículo 9 Orden 13-10-1967), en el curso del mismo proceso de incapacidad temporal hizo aparición otra patología diferente (un infarto lacunar en la zona de la arteria medio lateral derecho y una estenosis de la arteria carótida derecha) que, en efecto, como acertadamente sostiene la sentencia impugnada, ninguna relación guarda con la enfermedad del corazón y cuya etiología común nadie discute».

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