¿Cuáles son las circunstancias en que el ictus isquémico puede ser calificado como accidente de trabajo?

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¿Cuáles son las circunstancias en que el ictus isquémico puede ser calificado como accidente de trabajo?

SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO, de 4 de abril de 2018

Recurso de Unificación de doctrina núm. 2191/2016

Id Cendoj:  28079140012018100364

Resumen.  El TS estima el recurso interpuesto por el Instituto Nacional de la Seguridad Social en relación a la calificación de un proceso de incapacidad temporal derivado de un diagnóstico de ictus isquémico hemisferio derecho sufrido por una trabajadora –médico de profesión- quedando constancia de que la sintomatología de la enfermedad de súbita aparición comenzó a manifestarse en el domicilio de la trabajadora al intentar levantarse de la cama.

Se incorpora “voto particular” de la magistrada Virolés Piñol –discrepante del criterio mayoritario- al apreciar que la protección por accidente de trabajo debe aplicarse al supuesto debatido, argumentando que pese a que los síntomas de la enfermedad sufrida por la trabajadora se manifestaron al levantarse de la cama, ello no impidió que se incorporara a su puesto de trabajo. Entiende pues que lo sufrido previamente ha sido “un síntoma” o “episodio antes de salir de casa” que no le impide incorporarse al trabajo.

Antecedentes de hecho.

A tenor del hecho 2º del hecho probado segundo –recogido en la STS-: “El día 28 de octubre de 2014 la actora al intentar levantarse de la cama, notó pérdida de fuerza en las piernas (más la parte izquierda) cayéndose. También notó dificultad para hablar, torciéndosele la cara para la derecha. Incorporada al centro de trabajo tuvo que volver a su casa para descansar. Al encontrarse mucho peor en su casa llamó al 061 que la trasladó al Complexo Hospitalario Universitario de Ourense, donde fue diagnosticada de embolia cerebral con infarto cerebral, iniciando la situación de Incapacidad Temporal derivada de enfermedad común”.

La relación de hechos probados muestra con aparente claridad que el ictus cerebral se desencadena cuando la trabajadora intenta levantarse de la cama a través de la incontestable sintomatología que se desprende de la pérdida de fuerzas de la misma y la caída posterior sufrida. Sin embargo adolece de una falta de concreción dado que: se ignora cómo se desplazó al trabajo (si fue por sus propios medios, por ejemplo conduciendo). Nada se dice al respecto del tiempo en que estuvo en el trabajo, ni siquiera si inició las tareas propias del mismo ni el modo en que vuelve a su domicilio.  Tampoco se aclara –y podía haber sido relevante- el modo en que vuelve a su domicilio sin haber concluido la jornada de trabajo.

De haberse concretado las circunstancias anteriores tendríamos más elementos de juicio para decantarnos entre el sentido mayoritario del fallo (consideración del proceso como enfermedad común) o el sentido del voto particular (estimando se debe aplicar la protección del accidente de trabajo).

En el primer caso se estaría ante un ictus cerebral producido en el domicilio de la trabajadora con incorporación temporal al trabajo (enfermedad común).

En la tesis del voto particular tendríamos un primer episodio (no fulminante del ictus) en el domicilio que no impide incorporarse al trabajo, beneficiándose entonces de la  presunción de laboralidad, recogida ahora en el artículo 156.3 LGSS.

El debate pues está servido. La solución no es tan sencilla como pueda parecer.

Valoraciones jurídicas:

El criterio mayoritario de la Sala aprecia que la trabajadora sufrió el ictus en su propio domicilio, provocando una caída, adormecimiento de una pierna y “dificultad para hablar, torciéndosele la cara para la derecha”. Se estima que tales síntomas debieron provocar que la actora -médica de profesión- tuviera la sospecha de la aparición de un posible accidente vascular motivo por el que debió trasladarse a urgencias. Pese a todo, se aprecia que de modo imprudente se incorporó a su centro de trabajo, donde no consta que llegara a realizar trabajo alguno, volviendo a su casa al no encontrarse bien  llamar al 061 con posterior traslado a un centro hospitalario donde fue diagnosticada de embolia cerebral con infarto cerebral.

La Sala aprecia que no se dan los elementos necesarios para que se despliegue la presunción del artículo 156.3 (antes 115.3 LGSS). Considera que la dolencia  enfermedad apareció de manera súbita en su domicilio produciéndose una posterior incorporación al lugar de trabajo –pero no a las labores propias del mismo- lo que se entiende que nada tiene que ver con la aparición de una enfermedad ya manifestada. Se aprecia que no cabe apreciar, al no constar dato alguno, que el trabajo prestado fuera origen o causa, de la enfermedad cerebro vascular de la trabajadora, por lo que no se aprecia relación de causalidad alguna.

Se concluye con que no existe relación de causalidad entre trabajo y enfermedad, concluyendo que se está ante la  aparición de una enfermedad, accidente cerebro vascular, que se produce en el domicilio de la trabajadora lo que impide aplicar la presunción legal.

Conclusiones: El TS concluye que el ictus cerebral sufrido por la trabajadora se produce en su domicilio y no hay margen para aplicar la presunción de laboralidad característica de la enfermedad de súbita aparición que se manifiesta en la realización del trabajo.

El voto particular abre la posibilidad de argumentar en sentido contrario al resuelto por la Sala. Se plantea que la trabajadora sufrió un primer episodio de la enfermedad que no le impide incorporarse al trabajo y que ya en él se tuvo que volver a su domicilio por no encontrarse bien.

La falta de precisión de los hechos probados, como en tantas otras sentencias, limita la posibilidad de profundizar en la posibilidad de calificación alternativa que ofrece el voto particular. Existe la posibilidad de que se sufra un episodio que encaje con un ictus en el domicilio y que posteriormente el trabajador –por no apreciarse como grave o invalidante- se desplace al trabajo. Puede ser (y, en ese caso, se habría consolidado la opción de declarar la existencia de un accidente laboral) aunque seguramente este extremo debió acreditarse a través de una prueba pericial médica que ilustrara al Juzgador. Lo cierto es que la sintomatología producida en el domicilio de la trabajadora (adormecimiento de pierna izquierda, pérdida de fuerza de la extremidad inferior con caída, “dificultad para hablar, torciéndosele la cara para la derecha”), son síntomas que describen la exteriorización del ictus cerebral sin que –con las reservas que deben tenerse en cuenta- se muestre la posibilidad de que en el trabajo pudiera haber sufrido “otro episodio de la enfermedad” como se sostiene en el voto particular. Como indicaba con la exposición previa, quizás esta posibilidad podría mostrarse con más fuerza si los hechos probados hubiesen acreditado algo más y no lo que la Sala describe como comportamiento “imprudente” de desplazarse al trabajo después de haberse manifetado el ictus.

Enlace a texto de la sentencia:

7. José Sánchez. Ictus y AT

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