La inaplazable necesidad de reforma de las enfermedades del trabajo

¿Cuáles son las circunstancias en que el ictus isquémico puede ser calificado como accidente de trabajo?
18 mayo, 2018
 ¿Dónde se sitúa el límite para que la empresa pueda controlar los documentos de que hace uso el trabajador?
1 junio, 2018

La inaplazable necesidad de reforma de las enfermedades del trabajo

La inaplazable necesidad de reforma de las enfermedades del trabajo

Autor: José Sánchez Pérez

Nueva revista española de derecho del trabajo, ISSN 2444-3476, Nº. 207, 2018, págs. 113-137

Acaba de publicarse mi artículo en la NREDT en el que planteo la urgente necesidad de reforma en el tratamiento de las enfermedades del trabajo y particularmente de las esquizofrénicas consecuencias que se derivan del actual artículo 156.2.e LGSS.

Los riesgos psicosociales, dentro de los cuales se han de considerar los procesos patológicos de carácter psíquico, el estrés, el acoso laboral y el síndrome del trabajador quemado, cada vez muestran una mayor incidencia negativa en la relación laboral existiendo evidencias de que la situación se acentuará en el futuro.

La presión que se proyecta sobre el trabajador le obliga a suplir las carencias de personal que sufren las empresas, sobrecargando el contenido de sus obligaciones y de los resultados a alcanzar. La imposición de horas extraordinarias, la falta de apoyo y de valoración del trabajo son factores que, de forma marcada, inciden especialmente en el aumento de estrés en el trabajo y de patologías asociadas al mismo (ansiedad y depresión en las diferentes escalas e intensidad con que se manifiestan).

Aparecen como estresores desencadenantes de estas patologías las diversas condiciones en las que presta servicios el trabajador, sometido a una organización empresarial del trabajo de la que derivan prácticas nocivas o patológicas, incidiendo en las relaciones interpersonales que éste propicia. Hasta el presente las patologías asociadas a los riesgos psicosociales  habían pasado desapercibidas en cuanto a su identificación clínica y diagnóstica, enmascaradas entre las patologías de etiología común y su forzada consideración como contingencia profesional derivada de accidente de trabajo. Hoy, no obstante, la doctrina jurisprudencial –en ausencia de la iniciativa del legislador- permite comenzar a clarificar los supuestos vinculados a estos riesgos y que pueden derivar en una situación de carácter incapacitante. Al margen de la patente necesidad de reconducir estas situaciones patológicas hacia su calificación natural y adecuada (la enfermedad profesional) los tribunales siguen dando pasos al frente en el análisis de los efectos incapacitantes de las patologías asociadas a los riesgos descritos.

En el ámbito descrito, seguramente la disfunción más notable cuando hablamos de riesgos psicosociales y las patologías asociadas a los mismos (estrés laboral, ansiedad, depresión, síndrome del trabajador quemado…) suena muy forzado hablar de «accidente de trabajo» por la vía del supuesto asimilado pues nos referimos a patologías que por su diagnóstico y  manifestación están más cerca de la «enfermedad profesional» que del «accidente de trabajo». Pero es que aún así, si admitimos la disfunción que se crea  debemos recapacitar acerca de lo desafortunadísimo que resulta considerar a las enfermedades vinculadas al riesgo psicosocial como contingencia profesional sólo cuando (artículo 156.2.e LGSS) sean contraídas por el trabajador que las contraiga:

 «con motivo de la realización de su trabajo», y «siempre que se pruebe que la enfermedad tuvo por causa exclusiva la ejecución del mismo».

La jurisprudencia examinada nos ayuda a ratificar la conclusión que defiendo en el artículo citado y que exigiría un cambio normativo en el sentido de exigir que la enfermedad asimilada al accidente de trabajo sea aquella en la que:

 «se pruebe que la enfermedad es reactiva al cumplimiento de las obligaciones  laborales»

o bien:

 «siempre que se pruebe que la realización del trabajo ha tenido un papel principal o determinante en la aparición y desarrollo de la enfermedad».

Las incongruencias que denuncio son las que relaciono a continuación y que,  de forma masiva, evidencian una interpretación contradictoria e inconciliable de una norma, cuyo mantenimiento hoy en día no se sostiene.

Resumo la doctrina jurisprudencial examinada en el trabajo valorando que:

1) En los supuestos diagnósticos de «síndrome del trabajador quemado» la jurisprudencia mayoritaria opta por declarar la contingencia profesional aún sin responsabilidad –que por definición no debe existir- de la empresa. Entre ellas:

a) El SQT como contingencia profesional. STJ País Vasco, de 2 de noviembre de 1999, rec. 1320/1999.

b) El SQT como contingencia profesional. STJ Cataluña, de 20 de enero de 2005, rec. 6118/2003.

Sigue la misma línea la sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco de 8 de marzo de 2016, rec. 180/2016.

2)  En los supuestos de «acoso laboral y sexual» al concurrir la responsabilidad empresarial en la generación de la patología vinculada al mismo, ya sea por acción o por omisión, la contingencia profesional resulta clara e indiscutida.

3)  En los supuestos de «estrés laboral» y de «depresión» la confusión tanto de la doctrina como de la jurisprudencia es mayúscula. De hecho no se me ocurre ningún otra  norma que dé lugar a sentencias tan contradictorias con apoyo en una norma (artículo 156.2.e LGSS) que igual se interpreta de forma literal, que –en sentido contrario- procediendo a aplicar la interpretación finalista del concepto de accidente de trabajo, con la consecuente sensación de inseguridad jurídica que de ello se desprende. Lo lamentable es que, siguiendo la interpretación desviada que se hace de los supuestos de acoso laboral una buena parte de pronunciamientos jurisprudenciales estima que si no hay responsabilidad empresarial en la generación del «estrés laboral» no queda acreditado que tenga su  causa exclusiva en el trabajo, incurriéndose en una exégesis lamentable porque el «accidente de trabajo» regula una responsabilidad objetiva que por definición no exige responsabilidad empresarial. Pese a la lamentable redacción normativa de la norma que exige prueba exclusiva de que la ejecución del trabajo es causa exclusiva de la enfermedad –exigencia tan desafortunada que deja en el olvido que muchas de las patologías descritas se reconocen como multicausales desde hace muchas décadas-, no obstante hay una línea de doctrina jurisprudencial que las considera accidente laboral.

Siguiendo una línea, en mi opinión acertada, la STSJ de Castilla y León, Valladolid, de 20 diciembre 2001, Rec. 2141/2001, viene a determinar que alcanzarán la consideración de accidente laboral las enfermedades comunes –definidas por trastornos de carácter mental o estrés- en los supuestos en que el síndrome depresivo asociado se muestre reactivo a la situación laboral.

En el mismo sentido la STSJ Valencia, núm. 2700/2008, de 28 julio, Recurso de Suplicación 3421/2007, estima que aunque el trabajador padezca un «trastorno depresivo de la personalidad» si el trabajo se erige como elemento determinante en la aparición de la enfermedad merece la protección de la contingencia profesional. 

            Sin embargo, el carácter de exclusividad que exige el tenor literal de la norma puede resultar un obstáculo insalvable para el trabajador aún cuando un episodio de carácter laboral se haya erigido en determinante de la patología psíquica sufrida. Así lo muestra –entre otras- la sentencia del Tribunal Superior de Justicia, Comunidad Valenciana, núm. 1628/2005 de 24 mayo.

 

Deja un comentario