La lesión agravada tras el accidente de trabajo

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La lesión agravada tras el accidente de trabajo

Hace unos días me plantearon el problema de una trabajadora que había sufrido lesiones importantes en su brazo derecho (muñeca, hombro y codo) como consecuencia de un accidente de motocicleta dirigiéndose al trabajo. Aunque se consideró la existencia de un accidente de trabajo “in itinere” como es administrativa y –con cierta penosidad- podía seguir realizando sus funciones inicialmente no se dio de baja laboral. Posteriormente la lesión se agravé precisando intervención quirúrgica en la que pudo existir negligencia o lesiones limitantes.

Sorprendentemente la baja laboral que siguió a la intervención quirúrgica no se reconoció como accidente laboral.

Reproduzco las páginas 200 a 205 que tratan la consideración de las enfermedades intercurrentes y cuyo contenido puede ayudar a la recalificación de la contingencia como profesional en las actuaciones judiciales que hoy se encuentran pendientes.

“Accidentes de trabajo. Análisis jurisprudencial y acción de responsabilidad por daños”, 2017, Editorial Dauro, Granada, 340 páginas, ISBN: 978-84-947830-0-5.

4.3  Enfermedades intercurrentes (artículo 156.2.g)

Se otorga la consideración de accidente de trabajo a las enfermedades intercurrentes, que vienen a alterar agravando las consecuencias del accidente, bien por efecto directo de la propia enfermedad, que actúa como una complicación del proceso patológico derivado del accidente, o bien cuando la enfermedad se ha producido por acción del medio en que se ha situado el trabajador para su curación.

[Para  Zarandieta y Mirabent son enfermedades intercurrentes «las que se originan o producen como derivadas de una lesión principal, al ser operado el obrero para la curación de la misma, o como consecuencia del medio ambiente en donde el obrero se halla para su curación». “El espíritu de la jurisprudencia…”, cit., pág. 15. Desde muy antiguo el TS admitió el nexo de laboralidad, siendo muestra reseñable la sentencia, de 28 de marzo de 1947, que declara accidente de trabajo la muerte del trabajador hospitalizado como consecuencia de lesiones sufridas en percance laboral, y que ingiere comida introducida clandestinamente en el centro por negligencia de porteros y enfermeros].

La diferencia con la enfermedad agravada, propia del apartado f, reside en que aquí el accidente de trabajo es anterior a la enfermedad, pero los dos actúan en la producción de la lesión que configura la situación protegida.

[Desdentado Bonete, A.: “Comentario al art.115 LGSS…”, cit., pág. 1111]

En tal supuesto examinado se debe producir un accidente laboral, que en su desarrollo se va a encontrar afectado por enfermedades que alteran los efectos del propio accidente a través de unas alteraciones que se producirán bien con el propio accidente o dentro del proceso de curación del trabajador.

La STS 10-07-2007 (RJ 8869), RCUD 54/2006, describe la relación existente en la pluripatología que presenta un trabajador, vigilante de profesión, tras un inicial accidente de trabajo. La secuencia que se describe es la siguiente: inicialmente sufre un accidente de trabajo con diagnóstico de esguince de tobillo, a continuación inicia un nuevo proceso, esta vez por esguince de tobillo evolucionado, gonalgia y lumbociatalgia y, por último, un tercer proceso con diagnóstico de reagudización de astralgia de rodilla derecha, por gonalgia (derrame articular) y lumbalgia. Concluye la fundamentación jurídica que «la resolución que la incapacidad temporal… tiene,…, un doble origen, pues de una parte fue causada por unas lesiones derivadas de accidente de trabajo –a nivel de rodilla- y en otra parte por dolencias producidas por enfermedad común –a nivel de espalda- Pero todo proceso de IT es una realidad de contenido unitario, cuyos efectos se aplican de forma única e indiferenciada a toda la situación protegida, sin que sea posible establecer diferencias ni distingos en cuanto a su protección. Esto significa que la enfermedad lumbar que sufre el actor tiene que ser incardinada en el apartado g) antedicho, pues a los efectos de que tratamos, debe ser calificada de enfermedad intercurrente, habida cuenta que al ser una de las causas generadoras de la IT analizada, modifica en su gravedad las consecuencias del accidente al reforzar y hacer más vigorosa la incapacidad para el trabajo del actor, y constituye una complicación del proceso patológico del mismo». La argumentación expuesta lo es al margen de la consideración –inadvertida en el procedimiento- de que una patología de rodilla que afecta a la deambulación, desde el punto de vista médico, puede condicionar –perfectamente- la aparición de una patología de espalda en la medida en que la postura antiálgica que se produce al apoyar la pierna y caminar puede inducir la aparición de patologías lumbares

Se valora  a tales efectos que si se hiciera una distinción entre los diferentes procesos patológicos, que se solapan o simultanean, impidiendo al trabajador realizar su actividad laboral se llegaría al absurdo de situarle en dos incapacidades temporales de distinta contingencia.

[Marín Correa, J.M.: “La enfermedad intercurrente como accidente de trabajo. Comentario a la STS (Sala 4ª) de 10 de julio de 2007”, AL, núm. 5, 2008, pág. 611]

Estas afecciones o enfermedades se producirán como consecuencia o con posterioridad al accidente habiendo sido acogida de antiguo por la doctrina jurisprudencial[1].

[García Ormaechea, R.: “Jurisprudencia del Tribunal Supremo…”, cit., págs. 116 a 117.  En el sentido expuesto, se consideraron como complicaciones del proceso patológico constitutivas de accidente de trabajo los supuestos contemplados en la STS 12-04-1927 según la cual para que exista accidente de trabajo «no es preciso que la muerte del obrero sobrevenga a causa de la lesión primeramente calificada, sino también por las consecuencias que de ella se deriven». En el mismo sentido, la STS 30-11-1932 contempla el supuesto de un obrero que recibe un golpe en la espalda, a consecuencia del cual le sobreviene una tuberculosis pulmonar por la que fallece, estimándose que «se trata de una modificación de las consecuencias del accidente, por complicaciones derivadas del proceso patológico determinado por el accidente mismo». ]

Rodríguez Santos deja de manifiesto que la alteración en la salud que provoca el accidente sobre la enfermedad intercurrente puede provocarse: a) Por complicaciones propias del proceso patológico determinadas por el accidente mismo, o b) Por adquirir el paciente una afección o enfermedad distinta que incida sobre la lesión propia del accidente y que, a su vez, puede originarse en el mismo medio en que se halla situado el paciente para su curación, o en medio distinto, siempre que haya sido designado como conveniente por el servicio médico[2].

[Rodríguez Santos, B.: “Comentarios a la Ley de Seguridad Social”, Valladolid, 1983, pág. 103]

Este precepto no viene referido a una relación de concausalidad, sino que exige de forma explícita que el accidente sea el determinante de una serie causal entre el accidente, la enfermedad intercurrente y el estado secuelar consecuente.

Ilustra la situación de enfermedad intercurrente el supuesto examinado por la STS 29-03-1989 (RJ 1926) en el que el trabajador padece un «síndrome post-trombótico venoso en miembro inferior derecho a raíz de un traumatismo con fractura ósea, que se ha visto agravado por la diabetes e hipertensión arterial». Se valora que «tal síndrome, dado que apareció a raíz del traumatismo que ocasionó el accidente no puede decirse tajantemente que nada tenga que ver con éste», de modo que, «a tenor del art.84 LGSS puede afirmarse que la enfermedad que califica el Juzgador como común vino desencadenada e influida por el traumatismo, por lo que su conexión con el accidente que acaeció en 1978 es patente, debiendo resaltarse que la calificación se realiza teniendo en cuenta las secuelas traumáticas y post-trombóticas». Se trata, pues, de un síndrome postraumático venoso agravado por una diabetes, que apareció a raíz del anterior traumatismo.

Se plantean dos tipos de supuestos: de una parte, los definidos por una nueva causa morbosa sobrevenida dentro del proceso iniciado por el accidente de trabajo, produciendo la modificación de las consecuencias naturales y normales del accidente de trabajo;

[La STSJ Galicia 20-01-1995 (AS 147) contempla que las complicaciones del proceso patológico derivado del accidente comportan un supuesto de enfermedad intercurrente adquirida en el nuevo medio en que se situó al paciente para su curación. Se acoge la doctrina del TCT –STCT 21-11-1988 (RTCT 7663) y 3-03-1989 (RTCT 2279) al estimar que, una vez producido el accidente de trabajo, todo el proceso curativo, cualquiera que sea su curso, bien se atenga a circunstancias de normalidad o bien se vea alterado por complicaciones patológicas, entra dentro de la esfera protegida por dicho riesgo profesional. En concreto el trabajador sufre una fractura de menisco y al serle practicada una menisectomía se produce una complicación quirúrgica, una embolia pulmonar, que provoca su fallecimiento de forma fulminante]; de otra parte, los concretados por la aparición de una nueva patología que también afecta a las consecuencias propias del accidente de trabajo pero que tiene un origen externo, derivando en deficiente praxis médica, efectos secundarios, infecciones hospitalarias, etc.

Constituyen ejemplos de enfermedades intercurrentes las que se producen por infecciones hospitalarias. Entre ellas, en la STSJ Cantabria 18-04-2007 (AS 3000) se refiere el contagio de hepatitis C por transfusiones sanguíneas realizadas en la asistencia sanitaria derivada del accidente de trabajo sufrido. En el mismo sentido se pronuncia la STSJ Madrid 4-05-1998 (AS 1703) relativa a la cirrosis hepática transfusional consecuente al tratamiento médico dispensado al trabajador.

La diferencia básica entre la enfermedad agravada del apartado f) del art. 156 LGSS y la intercurrente (apartado g) viene determinada porque, en ésta última, el accidente de trabajo es anterior a la enfermedad, lo cual justifica la calificación como accidente no sólo del cuadro inicial, sino también del proceso o enfermedad posterior.

[En el sentido expuesto la STS 10-07-2007 (RJ 8869), RCUD 54/2006.]

La enfermedad, por tanto, no es preexistente sino que, a su vez, es consecuencia de otra lesión anterior constitutiva de accidente ya sea por causalidad directa, o bien indirecta, por cuyo motivo no cabe hablar de una relación de concausalidad, sino de causalidad única. Se reconduce así la situación de un accidente previo ligado por una relación de causalidad a las vicisitudes posteriores de las dolencias, constituyendo un todo unitario que justifica la calificación como accidente no sólo del cuadro inicial, sino también del posterior o adicional.

 

 

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